domingo, 28 de junio de 2009

Teorizando a cerca de:

Enciendo un cigarrillo, lento, pausado... sin nadie alrededor. Otra vez vuelvo a escuchar como se quema el papel, como arde el tabaco, otra vez vuelvo a sentir como fluye la muerte entre mis pulmones, otra vez...

Sólo silencio, aunque cómodo, calada tras calada viaje mi mente por mundos de divergencias absolutas y pregunts sin respuesta. Olvidemos el pasado, pasemos del presente, y miremos por el futuro, un futuro donde yo, yo mismo y yo, sólo somos humo dentro de mi propia boca, exhalado lento, pausado... y vuelvo a encender un cigarrillo.

Fui todo y nada al mismo tiempo, fui humo... lento, pausado... Porque es verdad, cualquier mirada distinta, o algún gesto más frío, se clavan, hundiéndote la carne alrededor, y sin calor de nadie y sin consuelo, voy de mi corazón a mis asuntos. Algo tan cíclico como la vida misma, donde queda prohibido echar a alguien de menos sin algrarte, olvidar sus ojos, su risa, sólo porque sus caminos han dejado de abrazarse, olvidar su pasado y pagarlo con su presente.

sábado, 27 de junio de 2009

Perfect Exceeder

Que no digan que lo entienden porque no es así, se hieren con la verdad para no destruirse con las mentiras. Se convierten con frecuencia en ladrones de su propio tiempo. Se miran y son capaces de tocarse el corazón, aunque lo estrujen y lo estallen, y salgan de él millones de falsas ideas y promesas. Es inútil intentar buscar donde no hay, porque echar de menos es llorar, es buscar voz sin encontrarla. Y en sus mentes algo les dice que no se paren a buscar caminos que no tienen final. Sus vidas han dado un giro. No se sienten tan solos ya, ¿quién dijo miedo? digan ustedes mejor esperanza. Hasta ellos dan vueltas a sus cerebros psicóticos, aniquilando sus pensamientos. Y no hay una razón. Sólo yo sé porqué no pueden salir de su propia mente. Aunque mientras tanto, permítanme verla y... y romperla, abrazarla, retorcerla tan fuerte, que segregue un lívido y afrodisíaco amor... amor.

La chaqueta abrochada hasta el último botón, te roza el cuello, abro la puerta y saludo a nadie. Me ha caducado un poco la autoestima, y en ese habitáculo que se hace tedioso, que huele a desdén, le grito al silencio.

En ese momento lo pensé... pensé porqué el ser tan distintos era lo que nos hacia ser especiales.