viernes, 2 de abril de 2010

Ego people


Tengo todas las características de un ser humano: carne, sangre, piel, pelo, pero ninguna emoción clara e identificable, excepto la avaricia y la aversión.

Está ocurriendo algo horrible dentro de mí y no sé por qué. Mis sangrientas lujurias nocturnas están empezando a apoderarse de mí, me siento letal, al borde del frenesí, creo que mi máscara de cordura está a punto de desmoronarse.

Próxima parada: Barcelona

Nicotina: 0,8 mg


Existe la idea de que un tal ''yo'' es una especie de abstracción. Porque yo no existo de verdad, sino sólo como ente, como algo ilusorio. Y aunque pueda ocultarte mi mirada fría, si me das la mano notarás que mi carne roza la tuya, que intercambiamos calor e incluso tal vez intuyas que es probable que tengamos estilos de vida parecidos, pero yo, sencillamente, no estoy, no soy.

Sobrevivo. Sigo vivo. Paso por alto lo negativo, lo reprimo, lo guardo en lo más recóndito de mi ser o lo trasformo en historias que jamás pasaron. Junto memorias, me aíslo, me pierdo.

rude:


Sólo respondes sin palabras, palabras terribles, palabras que no saben que tú eres todas mis razones; y esta mañana no tendrá tarde, ni nubes, ni noche, ni horas, ni nada que se le parezca. Esta mañana será simplemente siempre. Y es que siendo sinceros, llegué incluso a creer, que así como yo a ti te soñaba, me soñabas tú también, que nuestros sueños tenían lugar, aunque sólo fueran entre tú y yo.

Deseo. No consigo. ¿Te digo algo? escucha: el secreto está siempre en mantener un pacto con la soledad.

domingo, 26 de julio de 2009


-Aquello que cada uno de nosotros es, en cada momento de su vida, es la suma de sus decisiones previas. El hombre es lo que decide ser - dijo con frialdad, a la vez que me volvió a bombardear con una de sus incomodas preguntas. - Y tú, ¿qué eres?

No me tuve que pensar demasiado la respuesta, asi que mirando al cielo, a través de aquella ventana rota, dije casi susurrando:

-Nada, sólo existo.

martes, 30 de junio de 2009

Mientras sea lícito, sé un dios


Si se oxida, ya nunca más podrá volver a ser blandido. Si se echa a perder, su esencia quedará hecha pedazos. Así es el orgullo, muy parecido a la hoja de una espada.

Así es esta situación, un arma de doble filo. Que seas inmutable incluso contra el mal que procede del bien; de manera que, mientras sea lícito, te hagas un dios.

Soy experto en manipular a los demás, pero sobretodo en joderles la existencia. Lo hago porque me gusta, por la sensación que me causa al momento, aunque luego pueda desmoralizarme. Éxtasis extraño, extravagante, desconocido... que me provoca, me eleva, me da vida... y, la verdad, me he dado cuenta de que mi felicidad es vuestra tristeza.

Diario de un Enfermo

lunes, 29 de junio de 2009

A centésimas del corazón




¿Dónde? A lo lejos, la perspectiva abrumadora y monumental de extrañas arquitecturas, órdenes visionarios, estilos de un orientalismo portentoso y desmesurado. A sus pies un suelo lívido; no lejos, una vegetación de árboles flacos, desolados, tendiendo hacia un cielo implacable, silencioso y raro, sus ramas suplicantes, en la vaga expresión de un mudo lamento. En aquella soledad siento la posesión de una fría pavura... ¿Cuándo? Es en una hora inmemorial, grano escapado quizás del reloj del tiempo. La luz que alumbra no es ya la del sol; es como la enfermiza y fosforescente claridad de espectrales astros. Siento el influjo de un momento fatal, y sé que en esa hora incomprensible todo está envuelto en la dolorosa bruma de una universal angustia.

domingo, 28 de junio de 2009

Bubbles





Ya se había acostumbrado a hablar en voz baja, con esfuerzo, pero se había acostumbrado. Y había aprendido a no hacerse preguntas, a aceptar que la derrota se cuela en lo hondo, en lo más hondo, sin pedir permiso y sin dar explicaciones. Y tenía hambre, y frío, y le dolían las rodillas, pero no podíaparar de reír.

Reía.

Pero no se rendía. Sus dedos luchaban con el guante de lana, y su voz, aflautada para la ocasión, acompañaba la pantomima para ahuyentar el miedo.
El miedo. El miedo que sentimos. El miedo de aquellos hombres que compartían la costumbre de hablar en voz baja. El miedo en sus voces. Y el miedo en sus ojos huidizos, para no ver la realidad. Para no ver el miedo, huidizo también, en los demás corazones.